miércoles, 2 de diciembre de 2009

Vientos del Norte

Vientos del Norte


Que Marzo de 2009 me sorprendiera en Estocolmo era otra de esas cosas impensables (y con el paso de los días me doy cuenta que también imborrable) que estaban pasando durante aquel curso Erasmus, tan loco, rápido y aleatorio como la rueda donde pasan las horas los hámsteres.

No te detienes, o no quieres detenerte a pensar, en las vueltas que da la vida para llegar allí. Simplemente aceptas los hechos con la cordura que te da disfrutar de ellos. Y allí te encuentras, delante del lugar más bonito que he visto en mi vida.

Entre aquel grupo de amigos que nos escabullíamos atónitos y sigilosos por las anchas avenidas que recorren la capital sueca, llegamos a un edificio de unos 5 pisos de altura situado a orillas del río, muy cerca de la desembocadura del mar. Ellos le llamaban City Hall (algunos le sacaban parecido al castillo de Harry Potter), para mí siempre quedará como el que hasta ese momento fue el sitio más bonito que había visto.

Unas altas puertas te daban entrada a un patio cuadrado y cerrado por las paredes de lo que seguramente, era un sitio con muchos libros. Enfrente se podía ver una pequeña salida al aire libre, bajo una serie de arcos, sostenidos por varias columnas. Dejando atrás ese patio fundamentalmente de tonos ocres, la otra cara del río se abría ante nuestros ojos.

Alfombra tosca de hielo cubría el espacio propiedad del río, para dar paso a un fondo de casas bajas con las ventanas iluminadas. Chimeneas de fábricas que humeaban aquel denso gas hasta un cielo muy cerca del norte, muy rosado, muy especial.

Siguiendo el campo visual hacia el oeste se veía la ciudad moderna con sus diferentes alturas, coronadas por cualquier pantalla de Sony, Nike o McDonalds. Allí se perdían como hormigas con cascos de mineros, miles de coches rumbo al bullicio y al caos. Extremo opuesto al que estaba yo, sintiendo ese aire helado proveniente del norte en mi cara. La tranquilidad sobre mí, y la melancolía abrazándome. Parece una tontería sacada de las películas, pero cuando te sientes ahí tan pequeño te acuerdas de ese amigo al que le fascinaría estar ahí, de tus padres asombrados ante tal paraje, de tu novia apoyándose en tu hombro con frío pero feliz... Al fin y al cabo de los importantes, de los tuyos.

Poco importaba estar rodeado de un grupo de gente que ya se estaba convirtiendo en familia, pero allí me sentía sólo, echando de menos a los antes mencionados.

Máxime, cuando mirando al este el número de casas iba decreciendo, y aquella última luz de esa pequeña cabaña, se perdía en el horizonte, casi al principio del camino de la morada de Papa Noel, ó la reserva del oso blanco de Coca-Cola que guiña el ojo.

Como un disparo al viento, rompiendo aquella magia me embaucaba, sonó el toque de queda de alguno de esos que no sentía esa sensación y tenía prisa por llegar al hostal. Cuando pisé aquel charco del parque embarrado que nos separaba del patio inicial, juré recordad ese sitio siempre, y volver algún acompañado. Mojarme hasta las rodillas, fue mi vuelta a la realidad.

1 comentario:

  1. se pdia sentir como se te llenaba el alma. Hasta ese momento, el alma vivía de recuerdos e imaginaciones sacadas de libros y películas, pero cuando vió que la realidad supera la ficción, se llenó de esperanza, de belleza, de clamor, de vida...
    ...Que el alma no cierre sus puertas...y que Estocolmo siempre permanezca para los soñadores locos deseosos de ver, crecer y vivir

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