jueves, 31 de diciembre de 2009

He Sido El Asistente del Doctor Mengele

Este libro, cuenta las memorias de un médico forense húngaro que llego a Auschwitz y que el Dr. Mengele seleccionó para hacer las autopsias y todo tipo de pruebas a las víctimas del Holocausto.

Yo he hecho el viaje al revés. Es recomendable leerlo para luego visitarlo y ponerte en la piel de lo que cuenta en el libro. De todo lo que he leído sobre el tema, es lo que más te abre los ojos de lo que pasó allí.

PD: Gracias Parrón!

La Ladrona de Libros


Me ha encantado este libro de Markus Zusak. Cuanta la historia de una niña que su madre entrega a otra familia durante la II Guerra Mundial. La historia es narrada por "La Muerte", y cuanta todo lo que pasa la niña en su ciudad durante la Guerra, con la aparición de un judío en su casa y su pasión por los libros.
Muy recomendable y muy interesante sobre todo si el tema del nazismo, el antisemitismo y la II Guerra Mundial os gusta tanto como a mí.

sábado, 19 de diciembre de 2009

Pepfecto!


Sé que es fácil alabar después de que su equipo gane 6 títulos en un año. Más todavía, si se sabe que es el primer año que cogía un equipo de primer nivel, sin apenas experiencia.

Es todo un ejemplo para cualquiera. Constante, trabajador y humilde, creo que son las 3 palabras que mejor le definen.

Un aplauso para el Pep!

miércoles, 16 de diciembre de 2009

...Evaporando Ilusiones...


Sudeste de Polonia de los años 40. “El Bigotes” manda construir un campo de concentración, que a la postre se convertirá en el mayor cementerio del mundo. Esperando no dejarme llevar por lo fácil, simplemente contaré cómo se podría sentir un judío cuando entraba por esta puertecita.

Ella se llamaba Maria Rozenek. Tras varios días, incluso semanas en ese tren apestoso y donde a mano izquierda tenía a un niño muerto por inanición, y a su derecha un viejo con el dolor grabado en sus arrugas, llegó a el fin de las vías. Si había frío en el vagón, mayor fue el que sintió al bajar. Allí les esperaban una decena de oficial nazis, bien ataviados con sus trajes grises. Eran tan pocos, debido a las malas condiciones, sobre todo psíquicas, en las que llegaban los judíos.

Tras hacer una cola interminable, en la que se cruzaban con montoncitos de sacos de huesos que a duras penas aguantaban la forma de un esqueleto humano, se enfrentaban a la mirada de un médico alemán, que a ojo y dedo, elegía quien estaba sano (válido) y quien enfermo (ceniza).

Si los separaban de su marido o hijos, les convencían de que después los verían tras la ducha. Creedme, que el olor que desprendían aquellas cámaras de gas era, pese a que no iban mentalizados de su muerte, de dolor, sufrimiento y agonía. Su estancia en Auschwitz era efímera.

Maria pasó el “corte”. Durante el día iba a trabajar a los campos de trabajo, y cuando volvía oía una marcha, que aumentaba de decibelios hasta llegar a la puerta de la foto. La traducción de lo que está escrito arriba no es otra que “Trabajar te hará libre”.

“El Bigotes” se lo montaba bien, era un tío inteligente que consiguió que no hubiera revueltas en sus campos, tenía sometida a sus presos, inculcó su ideología a todos los suyos. Creo que fue un gran cerebro, aplicado a unas ideas erróneas.

Bien, en esa puerta oían la música de una orquesta, la cual tocaba para que los prisioneros hicieran 5 filas de a uno para facilitar el recuento. Maria sufrió a 20 grados bajo cero, la pérdida de un prisionero. 18 horas de pié hasta que apareció el fugitivo son un simple dato más, al que sumar su atuendo: una tela con rayas azules, y unos zapatos de poca resistencia.

Aquí abajo colgaré la foto de Maria... Sólo estuvo una semana en el campo...Y quizá tuvo que oir la frase que más le gustaba a los generales nazis cuando se dirigían a los judíos debajo de esa puerta: “Hoy entráis por esta puerta. El día de mañana saldréis por esa chimenea”





Película Miercoles Noche


No esperaba una buena película. Tampoco es un peliculón. Pero me ha entretenido mucho y es bastante bonita. Mezcla racismo, superación, gente con buen corazón... La recomiendo ;)

PD: No me gusta destripar las películas contando de qué van.

miércoles, 9 de diciembre de 2009

Los Vagos Vagabundos

Paseando este puente por la zona comercial de Madrid, en la Plaza de Callao, justo antes de llegar a la puerta de el FNAC, me encontré con un par de mendigos con sus cartelitos (no eran ni uno, ni dos...sino cuatro) que me explicaban el por qué de su pedigüeña situación. ´

Lo consiguieron. Consiguieron que no fuera indiferente, y me arrancaron una sonrisa. En un cartel ponía "Para Porros". En otro "Para Whisky". En otro "Para la Resaca". Y en el otro "Para Comer".

Cuando uno de ellos me vió reir, me enséñó dos carteles más. El primero decía "Por lo menos soy sincero..." y el otro me daba la dirección a su página web (http://lazybeggers.net23.net/ ).

Curioso al menos :)

miércoles, 2 de diciembre de 2009

Viajando por Narices

Viajando Por Narices


Pasear por las calles de Londres es algo que cuando tenga a mis nietos en las rodillas les recomendaré. Al menos, espero que siga siendo esa experiencia que me embelesó a mí. Al menos, espero tener nietos.

El mes de Febrero dio un soplo fuerte al calendario y Marzo llegó volando. A mi esos vientos me pillaron en la capital inglesa. Esos aires que partían del Támesis, pasaban por Trafalgar Square y terminaban pintando de rosa las fachadas de Nothing Hill.

Paseando con alguien de la mano todo toma otro cáliz. Como una de esas hormigas que anda cargada con una espiga de trigo a la espalda en el camino hacia su inmenso hormiguero me sentí yo, cuando bajé de aquel vagón de metro, con mi mochila a cuestas, y rozándome con toda persona que tenía prisa. Dirigidos por pasillos, escalando por escaleras mecánicas y obedeciendo carteles con flechas, aparecimos en la archí conocida zona del SOHO.

Mientras subíamos aquella bocana de metro en hora punta, y me sentí más obrero si cabe en aquel gigante hormiguero. Además no veníamos todos de la misma hormiga reina, ya que había hormigas negras, blancas, amarillas, incluso con turbante. Supuse que cosas del mundo globalizado.

Dejando atrás aquella algarabía, y zigzagueando por aquellas estrechas calles la vista dejó paso al olfato al mando del Ferrari de los sentidos. Un leve olor a carne recalentada en un kebap, plantas y flores recién regadas desde un balcón, el perfume impregnado en aquella anciana encorvada con una buena frotaboletosdeloteria, y sobretodo especias, entraban como un Expreso por mi nariz.

Cavilando un poco, recordé mis años de historia en el instituto. Cuando aquel profesor, creo que su genial nombre era Recesvinto, movía sus manos como quien dirige un timón de barco, y nos explicaba las grandes colonizaciones. Té y especias, era una de las mercancías que los ingleses traían de la India. Ahora todo cuadraba.

Creo que si me hubieran tapado los ojos hubiese llegado a esa plaza, aunque he de decir que la variedad cromática que entró por mi retina al torcer a la izquierda en aquella pequeña callezuela me sorprendió gratamente. Y lo hizo porque entre tanto tono rojizo y marrón de aquellos laberintos, esa plaza se convirtió en un estallido de colores inesperado.

Barriles de petróleo pintados con los colores de fichas de parchís eran rodeados por tablas de madera a modo de bancos, decorando el centro de la plaza. De ellos nacían jóvenes árboles que apenas superaban el metro.

La forma de la plaza era singular, quiero decir triangular. Con dos terracitas, una frente a la otra, la gente estaba disfrutando de su té en un pequeño paraíso cromático, pero sobretodo olfativo. Té verde, negro, rojo y frutal se mezclaban sobre ese triángulo rodeado de casas de 4 alturas. Además las Remedies Shops que completaban los bajos de la plaza, ponían su olor a hierbas de variopinta procedencia. Por su parte, las plantas que crecían en los balcones, muchas de algunas descendiendo para llegar al suelo, de esos afortunados vecinos ayudaban a aumentar la mezcla del lugar.
Pero si algo llamaba la atención era el olor fuerte a especias, que era el invitado de lujo, pero de desconocida procedencia en aquella plaza. Se mezclaba por los platos que decoraban la fachada de las tiendas, pintaba los marcos de las ventanas de los pisos, observada a los turistas desde el alto ático, y tras colarse en las mochilas de ellos, se hacía un hueco privilegiado en la mente de los que por allí andaban. Por lo menos eso me pasó a mi.

Pensé que un piso allí debería ser carísimo, independientemente del número de metros cuadrados o de los baños del mismo. Pero como si fuera un niño de tres años ante la televisión invadida por anuncios de juguetes susurré... “Yo quiero uno” ... Era el lugar ideal para vivir, si algún día acababa viviendo en ese gigante hormiguero londinense.











Vientos del Norte

Vientos del Norte


Que Marzo de 2009 me sorprendiera en Estocolmo era otra de esas cosas impensables (y con el paso de los días me doy cuenta que también imborrable) que estaban pasando durante aquel curso Erasmus, tan loco, rápido y aleatorio como la rueda donde pasan las horas los hámsteres.

No te detienes, o no quieres detenerte a pensar, en las vueltas que da la vida para llegar allí. Simplemente aceptas los hechos con la cordura que te da disfrutar de ellos. Y allí te encuentras, delante del lugar más bonito que he visto en mi vida.

Entre aquel grupo de amigos que nos escabullíamos atónitos y sigilosos por las anchas avenidas que recorren la capital sueca, llegamos a un edificio de unos 5 pisos de altura situado a orillas del río, muy cerca de la desembocadura del mar. Ellos le llamaban City Hall (algunos le sacaban parecido al castillo de Harry Potter), para mí siempre quedará como el que hasta ese momento fue el sitio más bonito que había visto.

Unas altas puertas te daban entrada a un patio cuadrado y cerrado por las paredes de lo que seguramente, era un sitio con muchos libros. Enfrente se podía ver una pequeña salida al aire libre, bajo una serie de arcos, sostenidos por varias columnas. Dejando atrás ese patio fundamentalmente de tonos ocres, la otra cara del río se abría ante nuestros ojos.

Alfombra tosca de hielo cubría el espacio propiedad del río, para dar paso a un fondo de casas bajas con las ventanas iluminadas. Chimeneas de fábricas que humeaban aquel denso gas hasta un cielo muy cerca del norte, muy rosado, muy especial.

Siguiendo el campo visual hacia el oeste se veía la ciudad moderna con sus diferentes alturas, coronadas por cualquier pantalla de Sony, Nike o McDonalds. Allí se perdían como hormigas con cascos de mineros, miles de coches rumbo al bullicio y al caos. Extremo opuesto al que estaba yo, sintiendo ese aire helado proveniente del norte en mi cara. La tranquilidad sobre mí, y la melancolía abrazándome. Parece una tontería sacada de las películas, pero cuando te sientes ahí tan pequeño te acuerdas de ese amigo al que le fascinaría estar ahí, de tus padres asombrados ante tal paraje, de tu novia apoyándose en tu hombro con frío pero feliz... Al fin y al cabo de los importantes, de los tuyos.

Poco importaba estar rodeado de un grupo de gente que ya se estaba convirtiendo en familia, pero allí me sentía sólo, echando de menos a los antes mencionados.

Máxime, cuando mirando al este el número de casas iba decreciendo, y aquella última luz de esa pequeña cabaña, se perdía en el horizonte, casi al principio del camino de la morada de Papa Noel, ó la reserva del oso blanco de Coca-Cola que guiña el ojo.

Como un disparo al viento, rompiendo aquella magia me embaucaba, sonó el toque de queda de alguno de esos que no sentía esa sensación y tenía prisa por llegar al hostal. Cuando pisé aquel charco del parque embarrado que nos separaba del patio inicial, juré recordad ese sitio siempre, y volver algún acompañado. Mojarme hasta las rodillas, fue mi vuelta a la realidad.